Massa opera en la interna del oficialismo: agita el fantasma del descalabro del dólar si no hay un ¨candidato fuerte¨


En la previa del congreso del Frente Renovador, Massa advierte un caos financiero si el peronismo no tiene un candidato fuerte. Gestión clave ante el FMI.

Sergio Massa está poniendo toda la carne sobre el asador: asumió una agenda hiperactiva con anuncios diarios de medidas económicas, redobló sus críticas veladas a Alberto Fernández por su insistencia con las PASO, advierte por el riesgo de una pérdida de la estabilidad y deja flotando la posibilidad de una renuncia.

Todo eso, en las vísperas de la convención del Frente Renovador, que a su vez se realiza en la previa a la semana crucial para la negociación con el Fondo Monetario Internacional.

Es cierto que, en el discurso, Massa sigue sin comunicar explícitamente su voluntad de ser candidato, pero en sus actitudes se mueve con la impronta propia de quien ya está en campaña electoral. O, mejor dicho, de quien ya es, de facto, presidente en funciones.

Mientras Alberto Fernández ya habla como un ex presidente y declara su tranquilidad de poder «descansar en paz» porque durante su gestión no hubo situaciones de corrupción en la que se enriquecieran funcionarios ni se beneficiara a empresarios amigos -¿un tiro por elevación a Cristina Kirchner?-, Massa sigue haciendo gala de su hiperactividad.

El acuerdo de Massa con el Banco Central de China: una ayuda que los economistas ven insuficientes para ahuyentar el riesgo devaluatorio.

También está en carpeta un régimen de premios y créditos al monotributo, otra medida que apunta a reforzar el consumo, en línea con la negociación que realizó con los bancos para extender los límites de financiación mediante tarjeta de crédito.

Además, la agenda se completa con medidas sectoriales específicas para la industria automotriz y para las cooperativas agrícolas y avícolas.

Entre el kirchnerismo y el FMI

Pero, sobre todo, la tarea fundamental a la que Massa está abocado es a la consecución de la asistencia financiera del FMI, el famoso adelanto de desembolsos por u$s10.000 millones que hasta hace pocos días se daba como un hecho y sobre el cual, sin embargo, aparecieron dudas en las últimas horas.

En el mercado financiero se está hablando con insistencia sobre las divergencias internas en el directorio del FMI, donde quienes desconfían de que Argentina pueda cumplir su cronograma de pagos -ante un acuerdo «stand by» que en los hechos ya está caído- se resisten a entregar más efectivo. Y la resistencia se acrecienta, sobre todo, por el pedido argentino de que una parte considerable de esos dólares se destinen a controlar el mercado cambiario por la vía de la intervención del Banco Central en la compraventa de bonos.

Es por eso que el nuevo temor es que el FMI plantee un trato de «stand still», como se conoce en la jerga financiera a un congelamiento de las condiciones actuales, en las cuales el organismo «perdonará» que Argentina incumpla sus metas sobre reservas, déficit fiscal y asistencia del BCRA al Tesoro, no le exige pagos pero tampoco hará desembolsos adicionales, hasta que se clarifique la situación política con el recambio de gobierno.

«Así, el FMI y sus principales accionistas evitan ser vistos como quienes arrojaron a la Argentina al precipicio, pero al mismo tiempo no le dejan margen para intervenir en el mercado cambiario paralelo en el segundo semestre», observa Marcos Buscaglia, ex directivo del Merryll Lynch.

Algunos analistas creen que esa posibilidad se acrecentó por motivos geopolíticos: el acercamiento del Gobierno a China, justo en un contexto de hipersensibilidad en la relación entre las dos superpotencias.

Muchos economistas temen que, si se produjera ese «stand still» y, por lo tanto, no hubiese ayuda extra del FMI, sería inevitable la turbulencia cambiaria en los próximos meses, tal vez con devaluación brusca antes de las PASO. La explicación es que los recientes acuerdos para ampliar el swap de monedas con China y recibir dólares vía inversiones directas no pasan de ser un alivio menor para un país.

Por caso, el influyente Emmanuel Álvarez Agis, en una conferencia con inversores, mostró que su «indicador de fragilidad financiera» -que combina 40 variables y anticipa el riesgo de una devaluación brusca- se encuentra en un máximo histórico.

Con el foco en el 14 de agosto

Esta situación es la que explica por qué Massa, a través de sus principales voceros, está agitando el fantasma de una ruptura de la estabilidad cambiaria y, al mismo tiempo, una ruptura política dentro del Frente de Todos. Su postura -para irritación del ala izquierdista del kirchnerismo- es que su presencia al frente del ministerio es lo que transmite tranquilidad al mercado y al propio FMI.

Es más, la versión que circula en el mercado es que las chances de ayuda del Fondo aumentan en la medida en que Massa conserve la posibilidad de ser presidente, sobre todo por la inquietud que generó en el organismo y en la embajada estadounidense la propuesta sobre dolarización que promueve el libertario Javier Milei.

El argumento de Massa hacia la interna del Frente de Todos es claro: hay que evitar a toda costa que el 14 de agosto -es decir, el lunes siguiente a las PASO- se produzca un cimbronazo cambiario, como le pasó a Mauricio Macri en 2019. Según Massa, eso ocurrirá si los candidatos que promueven una devaluación -en especial, Milei y Patricia Bullrich– resultan más votados que el candidato del oficialismo.

Esa situación ya no sólo afectaría las chances electorales del peronismo sino directamente la propia gobernabilidad en los largos cuatro meses hasta el recambio presidencial. Es con ese razonamiento que Massa está planteando la negativa de plano a la realización de las PASO en el Frente de Todos y hasta deja flotando la amenaza tácita de su renuncia.

Sólo en ese contexto se entiende la muy comentada frase de Cecilia Moreau, presidente de la Cámara de Diputados que acompañó a Massa a China y que, a su regreso, disparó: «Massa está harto de sostener la estabilidad mientras oro se dedican a jugar la interna con soldaditos de cartón».

Y, más incisivo aun, el ministro de Transporte Diego Giuliano, uno de los directivos de la cúpula del Frente Renovador, condicionó la permanencia de ese espacio en el Frente de Todos a que «se demuestre voluntad de ganar las elecciones».

El mensaje, a esta altura, ya no se limita a otros aspirantes como Daniel Scioli y Agustín Rossi, sino también a la propia Cristina Kirchner, luego de que surgieran rumores de que la vice no ve con malos ojos una interna que le permita ganar visibilidad a su «ahijado político» Eduardo De Pedro.

¿Massa o la devaluación?

Ese clima es el que exacerba la atención por el discurso que dará Massa el sábado en la convención del Frente Renovador. Poco antes de poner un pie en el avión que lo lleve a Washington, el ministro aprovechará la ocasión para recordarle, a propios y extraños, de quién depende la estabilidad económica en este momento.

Aunque sus principales colaboradores -con el viceministro Gabriel Rubinstein a la cabeza-, están negociando desde hace semanas, Massa se prepara para cumplir con la parte política de la negociación. Su propósito es superar los escollos técnicos y plantear el argumento de que, sin la asistencia del FMI, puede ocurrir una crisis de consecuencias políticas impredecibles.

Como siempre, el primer planeo de Massa es que no es viable una devaluación abrupta, como la que sugiere el staff técnico del organismo. Su diagnostico es claro: hay una porción significativa de bienes de la canasta de consumo, especialmente los alimentos, que aún siguen referenciados al tipo de cambio oficial y no al paralelo. En consecuencia, el argumento argentino es que una devaluación traería un inmediato «contagio» a precios –pass through, en la jerga financiera- que neutralizaría el efecto reactivador de la devaluación y agravaría la crisis social.

También tiene para ofrecer, como muestra de buena voluntad, los números sobre el recorte del gasto público -4% en febrero, 17% en marzo y 10% en abril- aunque claro, en el resultado global no se traduce en disminución del déficit porque la recaudación tributaria cayó, respectivamente, un 8%, un 21% y un 18% en ese trimestre.

Pero, sobre todo, para que el FMI atienda su pedido, lo más importante es que siga percibiendo a Massa como un actor con autoridad política. En dos semanas se deberá cancelar una cuota con el Fondo por u$s2.700 millones y, para ese entonces -tres días antes del cierre de candidaturas- es probable que el peronismo haya definido su discusión interna.

Fuente: iprofesional.com

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